LA HISTORIA NEGADA UBICACIÓN GEOGRÁFICA ASPECTOS GENERALES RESEÑA HISTÓRICA
GUATEMALA: LA HISTORIA
NEGADA
El conocimiento del pasado esta íntimamente ligado al método
que siga para estudiarlo; a su vez, se encuentra engarzado en las formas
particulares que cada sociedad tiene de verse a si misma y de percibir a
las demás. En el caso de las formaciones económicas-sociales
dependientes, las metrópolis tienden a dar las líneas directrices
del conjunto de creencias, ideas, mitos y teorías con la intención
de explicar la vida social en función de los intereses de tales metrópolis
y de los grupos privilegiados por la colonización. Esas directrices
son, a la vez, justificación y programa. En otras palabras, en la
ideología dominante. (Carlos Guzmán-Böckler “Donde
enmudecen las conciencias” CIESAS/SEP. 1986).

Ubicada en el istmo centroamericano, al sureste de México, al noreste
de El Salvador y Honduras y al oeste de Belice, Guatemala cuenta con una
superficie territorial de 108.889 km². Proyecciones de población
para el año 2002 indican cifras superiores a los 12,000,000 de personas.
Aproximadamente el 60% de la población está ubicada en las
áreas rurales, aunque existen importantes flujos de migración
laboral tanto hacia el extranjero (especialmente USA), hacia la capital
guatemalteca desde la década de 1950, como hacia las fincas desde
el siglo XIX a la actualidad, cuyas zonas de recepción principal
se ubican especialmente en la Costa Sur. Las principales regiones de expulsión
migratoria laboral siguen siendo el altiplano y el oriente del país,
aunque la Costa Sur se está constituyendo últimamente en otro
foco de expulsión.
ASPECTOS GENERALES
La población está compuesta por cuatro grupos socioculturales:
el grupo maya (subdividido a su vez en 20 comunidades lingüísticas),
que constituye aproximadamente más de la mitad de la población.
Se encuentra localizado en todo el territorio nacional, aunque sus regiones
de mayor concentración demográfica son los altiplanos central
y occidental del país. El grupo ladino alcanza aproximadamente el
34.8% de la población, compuesto por población mestiza hablante
de español, y ubicada sobre todo en los centros urbanos, así
como en los altiplanos central y oriental y en la Costa Sur. Los grupos
Xinca y Garífuna, cada uno con idioma propio y con cerca del 1% cada
uno, están ubicados respectivamente en una región del departamento
de Santa Rosa y en la Costa Atlántica de Izabal.
Según cifras del
PNUD el 56.7% la población se encuentra en situación de pobreza
general y el 26.8% en pobreza extrema. El 70.5% de la población pobre
habita en 4 de las 8 regiones político-administrativas en que se
divide el país: Suroccidente, Noroccidente, Nororiente y Norte. El
80.1% vive en el área rural de los cuales el 63.2% es indígena.
Los no pobres, en cambio se concentran en las regiones Metropolitana, Sur-occidente
y Central. El 65.6% son urbanos y no indígenas 70.5%. como promedio
nacional, el 43.8% de los pobres son analfabetos, dentro de este grupo se
producen importantes diferencias: en el área rural el analfabetismo
alcanza el 47.2% de los pobres en comparación con el 30.7% de los
pobres en el área urbana. Mas de la mitad de las mujeres pobres son
analfabetas y solamente el 35.5% de los hombres están en esa situación.
El promedio de años de escolaridad de los pobres es 1.9% en comparación
con 5.4 años de los no pobres.
La religión predominante desde la irrupción del imperio español
hacia 1524 es la católica, aunque a la fecha existen notables variantes
entre el catolicismo practicado por los sectores hegemónicos y los
sectores subalternos. En todo el país, pero principalmente en las
regiones indígenas, se sigue practicando la religión maya
prehispánica, con diversos grados de hibridación de elementos
cristianos, debidos a estrategias de resistencia y acomodación cultural
frente a la persecución de estas formas religiosas durante cinco
siglos hasta la actualidad. Existe asimismo un alto grado de conversión
religiosa hacia varios tipos de protestantismo que han recibido fuertes
impulsos estatales como parte de estrategias amplias de ‘modernización
capitalista’, a fines de los siglos XIX y XX.
El clima es tropical, aunque con pronunciadas variantes regionales debidas, entre otros factores, a diferencias topográficas ya que dos tercios del territorio son montañosos. El país se divide en dos vertientes: la Costa Sur y las tierras bajas al sur Petén y el norte de Quiché, Huehuetenango, Alta Verapaz e Izabal (denominadas Franja Transversal del Norte). Las tierras más fértiles están ocupadas por latifundios dedicados a cultivos de exportación encabezados por el café, seguido de lejos por la caña de azúcar y el banano, así como por la crianza de ganado. Aunque estas actividades siguen dominando el panorama económico nacional, en las últimas décadas del siglo XX se dio la expansión de los cultivos no tradicionales de exportación en algunas zonas, así como cierta actividad industrial y financiera limitada generalmente a la ciudad capital y a otros centros urbanos, mostrando en varios períodos altos signos de crisis.
Administrativamente, el
país se divide en 22 departamentos, cada uno a su vez subdividido
en municipios (y éstos en aldeas y caseríos). Los departamentos,
en orden alfabético, son: Alta y Baja Verapaz, Chimaltenango, Chiquimula,
El Progreso, Escuintla, Guatemala, Huehuetenango, Izabal, Jalapa, Jutiapa,
Petén, Quetzaltenango, Quiché, Retalhuleu, Sacatepéquez,
San Marcos, Santa Rosa, Sololá, Suchitepéquez, Totonicapán
y Zacapa. La constitución vigente fue decretada en 1985, al iniciarse
el proceso de ‘apertura democrática gradual’, posterior
a los años más intensos del conflicto armado interno.
RESEÑA HISTÓRICA
ÉPOCA PREHISPÁNICA
Procesos socioculturales altamente complejos conforman la historia guatemalteca,
la cual está aún por escribirse. Sus inicios no deben buscarse
solamente partir de la instauración de la República, sino
desde la época colonial, existiendo muchos elementos que tienen su
origen incluso en época prehispánica. Para su estudio, el
actual territorio guatemalteco y su población inicial, son ubicados
dentro de la zona cultural denominada Mesoamérica, habitado principalmente
por varios grupos de cultura maya.
La investigación ha mostrado como erróneos ciertos abordajes teóricos de las sociedades prehispánicas mesoamericanas, que han presentado a las mismas ya sea como sociedades simples, a un paso de convertirse en feudales (enfoque evolucionista unilineal y eurocéntrico), ya sea como sociedades complejas, pero aisladas aproximadamente en los mismos territorios que actualmente ocupan naciones modernas (ej.: "los olmecas partieron de México a Guatemala", o viceversa).
Por el contrario, está ampliamente demostrado no solo la complejidad de estos grupos socioculturales a nivel económico, político e ideológico, sino su carácter sui generis, ya que si bien pueden establecerse paralelismos entre estas culturas y otras, existen rasgos tan únicos que han llevado a algunos autores incluso a hablar del 'modo de producción mesoamericano', o de los 'imperios teocráticos de regadío'. Su economía comprendía la agricultura, la guerra (para obtener tributos y esclavos), el comercio a corta y larga distancia, incluso con Norte y Sud América, y otras actividades que no resaltaremos por motivos de espacio.
La subdivisión cronológica más difundida y a la vez más discutida para el análisis de las culturas mesoamericanas, plantea tres períodos principales, cada uno con subdivisiones internas. El Preclásico, que cubre entre el 1500 a.C. y el 300 d.C., el Clásico (entre 300 y 900 d.C.) y el Postclásico (entre 900 y 1500 d.C.). Algunos autores extienden la duración del Postclásico hasta 1617 (con la caída de Petén Noj ante tropas españolas), e incluso hasta la época actual. Anterior al período Preclásico se extiende la época denominada Formativo (desde alrededor de 12,000 a.C.). Al parecer los primeros asentamientos humanos se dieron en la Costa Sur, debido posiblemente a condiciones como la facilidad de desplazamiento, la fertilidad del suelo y la existencia de fauna innumerable.
El paso de comunidades agrícolas relativamente igualitarias en transición a sociedades estatales jerarquizadas marca inicio del período Preclásico. Se sabe que para ese entonces, la agricultura se encontraba plenamente desarrollada, aparecen así los grandes centros ceremoniales, la total institucionalización de la religión y el establecimiento de ritos y dioses específicos. Asimismo, se amplia la interrelación cultural, en un principio por medio del comercio, entre élites anteriormente aisladas. Existen pruebas de conflictos militares, probablemente relacionados a la lucha por el dominio de los recursos territoriales.
El Clásico se caracteriza por una mayor homogenización cultural, probablemente debida tanto a la expansión militar como al comercio e influencias religiosas, artísticas y de otro tipo desde los centros dominantes (ciudades-Estado). Los mayores logros arquitectónicos, artísticos y filosófico/religiosos se dieron en esa época, factor que influyó para designar a este período con tal nombre. Al mismo tiempo, se acrecentó la explotación económica de los estratos más bajos de la población, viviendo un auge militar a fines de tal período.
El principal acontecimiento que marca el inicio del Posclásico es la invasión tolteca, que provocó, entre otros factores, la diversificación de la cultura maya en variantes regionales más marcadas, y una definitiva separación de unidades sociopolíticas que fueron clasificadas como “señoríos”, enfrentadas entre sí constantemente. A unas cuantas décadas de la llegada de españoles, el señorío K’iche’ empieza una clara expansión militarista que probablemente le hubiera llevado a tomar control de grandes territorios si este proceso no hubiese sido interrumpido.
ÉPOCA COLONIAL
A la llegada de los españoles, el imperio maya se hallaba dividido
en buen numero de señoríos independientes que luchaban entre
si, facilitando las posibilidades de dominación externa. Tropas españolas
acuerpadas por Mexicas en el siglo XVI, entran al territorio, iniciando
una serie de enfrentamientos bélicos que llevan a la instalación
de un Estado colonial cuya existencia formal se prolonga hasta inicios del
siglo XIX.
No se puede abordar a fondo el tema de la colonización sin estudiar sus propias contradicciones internas, determinadas por los interese particulares de cada una de las acciones colonizadoras: militar, económica, administrativa y misionera.
Centrándonos en la acción militar, la misma no tenia como objetivo aniquilar al enemigo, sino sojuzgarlo. Sin embargo, el relativamente reducido número de soldados invasores les obligo a buscar aliados entre los enemigos potenciales, los cuales fueron utilizados básicamente como tropas de choque, no llegando jamás a ocupar cargos de importancia en la acción militar (el papel de Tlaxcala en este contexto es muy ilustrativo).
Desde ese entonces se sientan las bases del papel represivo que las tropas de ocupación desempeñaron permanentemente; las mismas constituyen el antecedente histórico del rol jugado por los ejércitos de las actuales republicas latinoamericanas.
A partir de 1542 se constituyo la capitanía general de Guatemala que comprendía América Central, excepto Panamá. En este período se sienta las bases económicas, políticas e ideológicas de lo que luego sería el Estado Nacional guatemalteco, implementando diversas explotación económica, de organización administrativa y de estratificación étnica que sobrevivieron, con cambios determinados por cada momento histórico, por lo menos hasta finales del siglo XIX. La población indígena se vio obligada a sobrevivir en este nuevo marco, implementando a su vez múltiples estrategias de resistencia no siempre pasiva (se ha documentado un promedio de un motín semanal), así como estrategias de reacomodo que implicaron no pocas veces cambios culturales bastante profundos.
La primera fase de la colonia, inmediatamente después de la conquista, podría ser denominada como esclavista. En la segunda fase, cuando se encontraba ya establecida la administración colonial, si bien fue abolida la esclavitud, existieron diversas formas de trabajo forzado, las cuales se mantuvieron sin cambios sustanciales incluso hasta la época independiente.
La Provincia de Guatemala era el centro administrativo y comercial de la Centroamérica colonial; en determinado momento, su capital llegó a ser considerada como la tercera ciudad de América, después de México y Lima. Sin embargo, tanto la política como la economía eran reguladas desde España.
Como Estado Nacional se suele situar a Guatemala a partir de su independencia, gestada en las décadas primeras del siglo XIX. Sin embargo el desarrollo sociopolítico de los tres siglos previos, bajo el dominio de la corona española, definen los rasgos ideológicos y sociales que adoptaría la nueva Republica y que aún hoy, presenta características definidas y palpables, matizadas por conflictos étnicos cuyo frente se dibuja en la distribución y utilización de los recursos.
ÉPOCA INDEPENDIENTE
La independencia de la corona española, declarada en 1821 representó
cambios reales para las élites criollas hasta entonces excluidas
del acceso a cargos más altos de la burocracia colonial, para los
sectores dominados este cambio en las altas cúpulas del poder no
representó sino la continuidad en la prácticas de explotación
a las que estaban sometidos. La cada vez más amplia población
mestiza de escasos recursos fue excluida del acceso a la tierra, lo que
determinó sus estrategias de sobrevivencia en ese período.
La población indígena, si bien conservaba dificultosamente
varias de sus tierras comunales, seguía ocupando la parte más
baja en la escala social, siendo ignorada y excluida de todo proceso, como
no fuera el de la utilización forzosa de su mano de obra.
Inaugura la Republica de inicios del siglo XIX, un breve período de tímidas reformas liberales, interrumpidas por los sectores conservadores (especialmente la Iglesia católica) iniciándose así un extenso período de dictaduras conservadoras cuya economía estaba basada principalmente en el cultivo del añil. Las dinámicas en la esfera política, estuvieron marcadas fuertemente por los conflictos entre las élites centroamericanas, subdivididas entre quienes visualizaban una integración y aquellos que preferían naciones independientes. Hacia la década de 1830, dichos conflictos involucraban en sus bases amplias masas de pobladores bajos y medios de aquellas sociedades, en su mayoría campesinos mestizos, quienes se enfrentaban en ejércitos dirigidos por lideres carismáticos, dando como resultado finalmente la separación de la república de las intenciones federativas.
Aún a mediados del siglo XIX, las herencias culturales autóctonas y foráneas se traducían en distintas tradiciones agrícolas, actividades económicas y formas de organización social, que involucraban plantas y animales americanos introducidas por los colonizadores españoles, con sus respectivos sistemas de producción agrícola y pecuaria, tecnologías y modelos de organización de trabajo. Sin embargo, los núcleos de asentamiento (de herencia colonial y republicanos), su espacio económico y sus heterogéneos sistemas productivos, separados por amplias zonas boscosas, dificultosamente comunicadas entre sí, conformaban el territorio donde habría de insertarse progresivamente un nuevo cultivo.
El café sería insertado primero en zonas ya habitadas para luego incorporar nuevas áreas del Pacífico, donde la población aún no era completamente integrada a la subordinación estatal, dado que la asimilación económica y cultural era divergente entre cada una de las distintas regiones. Las étnias indígenas conservaron un alto grado de su identidad, quienes para fines del siglo XIX constituían alrededor de dos tercios de la población, siendo a la vez la identidad étnica, un factor importante en las relaciones laborales, en el acceso a la tierra, en los vínculos mercantiles, en la conflictividad social y en el plano político.
A partir de la década de 1870 triunfa una rebelión armada que instaura el período de las dictaduras liberales, cuya principal actividad económica era el cultivo del café. La ampliación de redes de transporte ferroviario, permitió cierta integración económica, por lo menos entre las zonas de producción agro exportadora y los puertos principales, facilitando el vínculo con la economía mundial, pero a la vez, debilitando el vínculo centroamericano mantenido hasta el momento. Este período político, bastante representativo a nivel centroamericano, se prolongó desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, finalizando poco antes de la Segunda Guerra Mundial, en medio de la caída de las bolsas, la sobreproducción y saturación del mercado, el agotamiento territorial y la desvalorización de la mano de obra dada su poca tecnificación.
La implantación y el auge de la economía de exportación dentro de un régimen político liberal involucraron aspectos como; la expansión de la caficultura, la formación del denominado enclave bananero, la evolución de los sistemas políticos y las relaciones internacionales, además de la formación y el comportamiento sociopolítico de las clases subalternas. El epicentro de las pugnas por el poder, dentro de este universo social fue sin duda la actividad productiva caficultora, que sin embargo vario regionalmente. Las relaciones de clase en el campo aceleraron su transformación, modificando las condiciones de interacción sociopolítica, la dinámica de desenvolvimiento y las formas de vida en particular.
La necesidad de desarrollo hacia fuera, permitió en su dinámica el auge y la crisis del modelo agro-exportador monocultivista, que se inscribía con impulsos de la clase dirigente en una forma política y constitucional de corte liberal con su modelo cultural filosófico del progreso, énfasis que se adopto en los proyectos y realidades vividas por los sectores emergentes, que intentaron definir su identidad ante los cambios globales, abarcando cuanto fue posible dentro del nuevo esquema ideológico. El control de dichas clases sobre el recurso territorial y las fuerzas productivas, se deriva directamente de las formas de acumulación previa, acuerpado fuertemente por los procesos de privatización de la tierra y el reclutamiento obligatorio de mano de obra para la expansión dada la capacidad de coacción que fueron adquiriendo sus aparatos represivos.
Esos años reflejaron crisis y estancamiento de la economía, sin embargo es posible afirmar desde otro enfoque el enfrentamiento de la sociedad a dos dilemas que sólo desde un punto de vista analítico pueden considerarse como diferentes: el desarrollo económico y la construcción de un liberalismo político de corte centralista, del cual estaban excluidos grandes sectores de la población. En ese entonces las élites descubren el relativo valor de la definición de nación, al abandonar por completo sus intenciones de unificación centroamericana y a la vez, conviviendo más de cerca la vecindad con una potencia enérgica, ascendente y expansiva como los Estados Unidos.
Un acontecimiento sociopolítico importante sería el resultado de las primeras reivindicaciones sociales. La llamada ‘Revolución de Octubre’ inician las intenciones de cambios acelerados a nivel económicos, político e ideológico, que duraron 10 años a lo sumo (1944-1954), ya que fueron interrumpidos por la invasión armada compuesta por disidentes de ultraderecha y mercenarios, financiados por la CIA. A partir de entonces se inicia una larga serie de dictaduras militares, en un primer momento centradas en la figura que ocupaba la presidencia (como en los regímenes anteriores a 1944), y desde 1963 dirigidas institucionalmente por el Ejército.
En adelante la sociedad guatemalteca cargaría con la herencia más pesada del liberalismo oligárquico, una cultura política atrasada, propia de un poder basado en redes de clientelas, y en la cual los golpes de los militares profesionales reemplazaban progresivamente a los alzamientos civiles de corte caudillista. La industria generó muy poco empleo y el perfil del sector rural apenas si se alteró. Las grandes mayorías quedaron excluidas o relegadas de una expansión económica que fue vigorosa aunque desigual y que, en todo caso nunca pudo alcanzar los rasgos propios de un crecimiento autosostenido.
En un marco de participación,
puede hablarse de una mayoritaria exclusión social en el plano político,
los costos sociales se volvieron así insoportables y la sociedad
comenzó a despedazarse en la guerra civil con el surgimiento de movimientos
guerrilleros, de hecho, los excluidos de la participación política
fueron en aumento, y la represión y violencia tendieron a aumentar
en espiral, sobre todo a partir de los años sesenta. Al tiempo que
desde el Estado se visualizaba implementar un proyecto modernizador, que
sin embargo, caló en la economía pero no en la política,
subsistiendo las formas autoritarias de gobierno, la democracia fue patrimonio
de las elites, hubo cierto desarrollo, pero fue concentrador y excluyente.